La innovación acumulativa en tu empresa te permitirá desarrollar tu próximo negocio disruptivo



Desde mi perspectiva, la innovación no se trata de alcanzar un objetivo o alcanzar algún puerto final. Hablamos del vehículo para transitar hacia mejores productos o servicios, esas grandes joyas que todos los empresarios quieren poseer.


Creo que la innovación debe ser parte de la cultura en cualquier agrupación, un componente en el ADN de quienes no se conforman con ser un jugador más en el mercado, sino de aquellos que pretenden dominarlo.


A través de la historia, la innovación ha demostrado ser un parteaguas en muchas industrias y es una fuente inagotable porque proviene de la creatividad del ser humano que, como sabemos, no tiene límite. También cuenta con características distintas, dependiendo de su naturaleza y hoy hablaremos de la innovación acumulativa.


Si consideramos que la innovación tiene un gran valor per se, la innovación acumulativa debería ser la reina de las innovaciones, porque trata de ir desarrollando las subsecuentes mejoras de un artículo, un producto, un proceso o un servicio y siempre encaminándose hacia el mismo objetivo.


Si entre los lectores de este texto hay personas mayores de 40 años, recordarán que los automóviles en los que se trasladaban cuando eran niños o adolescentes tenían a la izquierda del clutch y cerca de la esquina del piso del lugar de conductor un pequeño botón cilíndrico, metálico, de unos 2 centímetros de diámetro, que el conductor ocasionalmente oprimía con el pie izquierdo (y hacía “clic”).


Si quien lee este texto es menor de 40 años, difícilmente sabrá de qué estamos hablando.

En realidad, estoy tratando de recordar que los automóviles de los años 70 y 80 fueron los últimos que tenían un botón cerca de los pedales y se utilizaba para hacer el cambio de luces (alta-baja). Claro, esto debe sonar bastante cómico para alguien menor de 30 años, pero así era nuestra realidad en aquellos años.


La actual palanca que se sitúa detrás de volante y que sirve no sólo para prender las luces, sino también para activar las luces direccionales y hacer el cambio altas-bajas, es un ejemplo de la innovación acumulativa: el objetivo siempre ha sido el mismo, un medio para hacer el cambio de luces de manera sencilla y a través de procesos innovadores subsecuentes, cambió de ser un pequeño botón que se manipulaba con el pie a una palanca al alcance de la mano del conductor.


Alimentando la innovación en tu empresa… consigo misma


La industria automotriz probablemente es el mejor ejemplo de la innovación acumulativa, pues a lo largo de su existencia, los autos han ido enriqueciéndose con mejoras que cada vez han sido más avanzadas, prácticas y funcionales. Actualmente, un auto de gama media ya trae integrado, como equipo estándar, un navegador (concepto adquirido de la industria aeronáutica), un volante con botones de funciones especiales (conexión y operación de teléfono, controles de audio, computadora de viaje que permite ir monitoreando el consumo de combustible, etc.) y estas características no fueron pensadas en los inicios de la industria, se han implementado en la industria conforme se desarrolla, por eso aunque los nuevos modelos conservan rasgos característicos de la marca, cada año incorporan mejoras en sus vehículos: más bolsas de aire, rediseños ergonómicos en asientos, volante, controles, etc. y todos estos cambios tienen un rasgo evolutivo (conozco personas que se arrepienten de haber comprado el modelo 2018 y no “haberse esperado al 2019”, porque las mejoras de éste les resultan atractivas y prácticas).


Otra industria muy favorecida por la innovación acumulativa es la de la aviación comercial. Más allá del paso que han dado hacia afuera del avión (reserva y compras de pasajes a través de un portal o una app para Smartphone o el check-in automático en la terminal, incluyendo la elección del asiento y la impresión de pase de abordar), los pasajeros actuales viven una experiencia radicalmente diferente a los que viajaban en avión en la primera mitad del siglo pasado. Los asientos han ido evolucionando de manera notable, para conseguir un mejor aprovechamiento del espacio, pero también para darle una mejor experiencia al pasajero. Si hablamos de los asientos en clase Turista, las mesas de servicio son abatibles y prácticas (en algunos aviones se pliegan y se guardan en el interior del descansabrazo, favoreciendo el espacio libre para el pasajero), muchas líneas aéreas ya ofrecen Centro de Entretenimiento para toda la clase Turista (antes era privilegio exclusivo de Business Class) y los asientos tienen mejor sistema de ventilación e iluminación. A los pasajeros de Business Class de Emirates Airlines, por ejemplo, no solo se les ofrece una cama y televisión individual, sino que tienen además . . . su regadera.


Todas estas mejoras se han dado a través del tiempo, porque la innovación acumulativa tiene la característica de ser evolutiva o incremental.


Asimismo, la innovación acumulativa es relativamente predecible, pues parte de un concepto existente que va refinándose con el tiempo, a través de innovaciones que a veces son mejoradas en el corto plazo.


Como vemos, estas innovaciones acumulativas regularmente son la respuesta a las demandas de los clientes y del propio mercado.


Dando el brinco de calidad hacia las grandes ligas


Y llegamos entonces al escenario en el cual estas innovaciones acumulativas producen una innovación radical, que parte de la idea ya existente pero que proyecta su horizonte de innovación más allá de lo conocido. Estas innovaciones radicales son disruptivas y exceden la perspectiva de la innovación y terminan por generar un nuevo producto.


Un ejemplo estrella de innovación radical o disruptiva es el iPhone. Steven Paul Jobs desarrolló un teléfono con pantalla táctil que sustituye el teclado tradicional, con altavoz, auricular, micrófono, cámara fotográfica de 2 megapíxeles, entrada para auriculares (para escuchar la música que podías almacenar en él), mandar y recibir mensajes de texto y podía conectarse a internet (a través de conectividad EDGE y Wi-Fi) y nos presentó el primer iPhone el 9 de Enero de 2007 (nombrado “El invento del año 2007” por la revista Time) y esto ocurrió mientras el resto de los fabricantes de teléfonos estaban desarrollando modelos que tuvieran mejor recepción, alcance y presentación y que, obviamente, vieron cómo Apple les borraba del mapa (Hola Nokia).


Steve Jobs ni siquiera pensó en la innovación acumulativa para fabricar un teléfono mejorado. Decidió irrumpir en un segmento que no existía y que fue creado por él gracias a su invento: los teléfonos inteligentes nacieron a partir de la presentación del iPhone. Creó un nuevo producto personal, creó su propio nicho y fue un éxito en todo el mundo (¿alguien de ustedes se sentiría en paz si no tuviera consigo su Smartphone o si lo sustituyera por uno de gama baja?).


La disrupción en cualquier industria es el resultado de dejar que la creatividad tome su cauce y surja la innovación. Cuando se ha iniciado este camino (el de la innovación) el paso natural es dar lugar a la innovación acumulada que sea necesaria y que tal vez de lugar a la innovación radical. No basta con tener ideas “creativas”, el valor se construye al fomentar la innovación dentro de nuestras propias organizaciones. Hay compañías que han convertido sus divisiones de Investigación y Desarrollo en un taller de reparaciones, porque han perdido de vista su objetivo empresarial y están desperdiciando conocimiento y talento de personas importantes.


El mejor día para comenzar a desarrollar la innovación en tu empresa era ayer. El segundo mejor es hoy


Si bien hoy estamos inmersos en una pandemia que ha provocado una sentida crisis en diversos aspectos -siendo el económico el más perceptible-, creo que la innovación puede ser la clave para dejar de ser sobrevivientes y convertirnos en protagonistas de nuestra era.


Para impulsar los esfuerzos de innovación acumulativa, es obligatorio regresar a las bases, profundizar en el desarrollo de conceptos y aprovechar las nuevas tecnologías, poniendo a trabajar para nuestro negocio las herramientas, máquinas y procesos de producción que han dado origen al producto o servicio que comercializamos. Esta mirada más profunda nos dará las luces para encaminar nuestros esfuerzos hacia la evolución y desarrollo de las mejoras que los clientes demandan, en un mercado cada vez más competido y agresivo con quienes no tienen la fortaleza para disputar el liderazgo.


La innovación acumulativa tiene la gran ventaja de que, siendo evolutiva, nos ofrece sus orígenes como una base sumamente sólida para edificar nuevas mejoras. Y el tiempo que tengamos presencia en el mercado deberá ser aprovechado a través de la retroalimentación de nuestros clientes y socios de negocio. La satisfacción del cliente no sólo debe ser evaluada de manera periódica, sino que debe tomarse como la base para los trabajos de nuevos desarrollos y mejoras, enfocándose a este rubro. ¿Qué otra cosa debería ocupar más el pensamiento de los encargados de la Propuesta de Valor de una empresa que mantener satisfecho al cliente?


Un punto muy importante es que la innovación acumulativa continua es la que nutre las finanzas de las empresas, porque les permite permanecer, prevalecer y liderar en el mercado. Mientras más y mejores sean las innovaciones acumulativas que se generan, mayor será la presencia de la compañía en el mercado, a través de sus productos o servicios.


Dado que la innovación acumulativa es evolutiva, su naturaleza requerirá de más recursos (financieros, humanos y operacionales) y nos llevará en un viaje sin retorno en la búsqueda de soluciones de cada vez más valor. Pero, he aquí lo más importante: nos permitirá generar la innovación disruptiva para ponerla al servicio de nuestros clientes. ¿Ya imaginaste a tu empresa como el próximo imperio que desarrolló la Propuesta de Valor más disruptiva de la década?


Transformemos el presente.


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